¿Por qué caballos?

“Donde quiera que el hombre ha dejado su huella en el largo asenso de la barbarie a la civilización, encontramos la huella del caballo a su lado.”   
John Trotwood Moore

Durante milenios el caballo ha caminado a nuestro lado. Hoy, en pleno siglo 21, este noble y mítico animal ha cambiado su labor en nuestros campos de cultivo y de batalla para acompañarnos, una vez más, en esta nueva etapa de nuestra evolución, ahora como guía y maestro, capaz de llevarnos, si aprendemos a escucharlo, hacia una nueva consciencia desde la cual podemos vivir con mayor presencia y autenticidad.

El solo hecho que exista una relación tan estrecha entre el humano y el caballo es en sí sorprendente. En la naturaleza, el hombre sería, como lo fue por milenios, el depredador del caballo. Por qué entonces este animal nos permite subir sobre sus espaldas, precisamente uno de sus puntos más vulnerables? Y, no solo nos deja subir sobre él, si no que nos entrega su confianza, y a veces su vida, acompañándonos en situaciones extremas como la guerra y el trabajo pesado.

Siendo animales no depredadores, los caballos han desarrollado habilidades especializadas para su supervivencia, como su constante estado de atención y su aguda sensibilidad. A diferencia del humano, que como depredador mira de frente y se enfoca en su objetivo, los ojos del caballo miran a los lados, permitiéndole un ángulo de visión de casi 350º.

El caballo vive en un constante estado de atención relajada, casi contemplativa, sin enfocarse en nada particular, a menos que algo llame su atención. Además, como animal no depredador, este no puede permitirse el uso de la voz como su principal medio de comunicación. Esto lo ha llevado a desarrollar una aguda sensibilidad que le permite percibir cambios en la postura y niveles de excitación tanto en otros miembros de su manada como en sus depredadores. Estas habilidades las ha transferido a su relación con el ser humano, convirtiéndose en un “animal espejo” que logra captar y reflejar en su propio comportamiento nuestras emociones más profundas, de las cuales a veces no somos conscientes.

Estas son al menos algunas de las observaciones sobre las sorprendentes habilidades del caballo, pero para quienes convivimos con ellos en el día a día, existe además un componente de magia y misticismo en este maravilloso animal. Es algo especial que no puede explicarse plenamente con palabras, si no más bien debe ser sentido y vivido.